Paseando el otro día por el Albaycín, siguiendo con devoción la Romería del Santo Meñique (ver Buteblog), disfruté de lo mejor de Granada: los amigos, la cerveza Alhambra y las tapas gratis. Me sigue extasiando la belleza de Graná, pero ni la reliquia "incorruta" del santísimo Meñique me libra de la sensación agridulce de ese algo acabado, que es mi ciudad.

El domingo, tras superar tremenda resaca, dí un paseo hasta casa de mis padres, desde el puente de los Sanchez hasta la calle Molinos. Compré el Ideal, me senté en la placeta de la antigua biblioteca, frente a la fuente, no lejos del quiosquillo de las chuches, y no tardó en sentarse a mi lado el primer chapero indocumentado de la mañana. Mi malafollá granaína salió al rescate y lo mandé a la mierda, debe ser que la barbita bohemia les atrae.

Crucé el Salón y subí el chulísimo bulevar de la Vín de las Angustias, frente a la iglesia, observo el viejo edificio, nº19, donde vivió mi abuelo Don Tomás Hernández desde 1922, más arriba, el odioso monumento a Jose Antonio, no ardiera...
Encamino mis pasos por la acera del Casino, me planto frente al feísimo edificio (nº15) que sustituye al que fuera residencia familiar del joven García Lorca en la ciudad, ni una mísera placa lo recuerda...

Retrocedo, no sin antes visitar la exposición del centro artístico, en fin, me siento en un banco del Campillo, miro la plaza, una de las mejores de Graná, huele a pipican y está bastante sucia, pero bueno, me entretengo observando a unos torpes camareros que discuten entre sí, mientras la clientela sufre el retraso de las comandas y algunos incluso se largan a la terraza de enfrente, vaya tela, what a tissue, que pensarán los turistas... Me lamento por dentro de no poder despedir a esos gañanes. Una ciudad que depende del turismo no puede permitirse una hostelería tan lamentable y poco profesional.

El restaurante Chikito esconde el fantasma del Café Alameda, sitio lorquiano por excelencia donde, a pesar de un sencillo letrero en su fachada indicando que allí se reunió la más famosa tertulia literaria granadina desde 1915, nada recuerda que Federico era miembro de aquel "rinconcillo"...habría que avisarles que Franco ha muerto y nadie les va a clausurar el local si mencionan al poeta.

LLego a mi barrio, me encanta caminar por el Realejo, la calle Molinos es otra dimensión, mi territorio, mi alma mater, lentejas y calor de hogar.
Pero todo se acaba, hasta lo más sagrado...

Visitar Granada, para mí, es como volver a casa de los padres y dormir en tu antigua cama, quieres mucho a tus viejos, te sientes bien en su casa y se come de maravilla, pero...ya no cabes en ese colchón de 90 y aquel ya no es tu sitio.
"Yo recuerdo Granada como se debe recordar a las novias muertas y como se recuerda un día de sol cuando niño."
Federico García Lorca